Se cumplen 30 años de Blade Runner, uno de los iconos del cine distópico futurista y una de las películas de ciencia-ficcción más influyentes de nuestro tiempo, en particular por su visión de un entorno urbano peculiar, donde la publicidad domina los edificios de una claustrofóbica ciudad de Los Ángeles en 2019.
Se ha escrito y diseccionado mil veces el guión de esta película que creo que a estas alturas todo el mundo conoce. Basada en la novela de Philip K. Dick novel Do Androids Dream of Electric Sheep, no fue un éxito comercial en su estreno. A mi siempre me ha producido una fascinación especial.
Publicidad en una metrópoli caótica
Todas las películas tienen una banda sonora. Blade Runner, además de contar con la genial música de Vangelis, tiene otro soporte. La publicidad es el decorado de fondo sobre el que se desarrolla gran parte de la película y que recuerda al de Times Square o Tokyo. Tal vez ahora no impresione tanto ver una proyección sobre un edificio, pero hace 30 años este tipo de publicidad era ciencia-ficción. En 1991 Ridley Scott estrenó El montaje final, una nueva versión donde suprimía una voz en off que narraba un final feliz. Sin la narración, el sonido ambiente de la ciudad, que en gran parte procede de los anuncios publicitarios, es más evidente.
La ciudad de Los Angeles que refleja Blade Runner es caótica, sucia y contaminada, con una planificación urbanística irracional. No hay vegetación ni animales reales. En el laberinto de las calles deambulan personas con estética ciberpunk que supuestamente representan a las clases más bajas, ya que parece que la élite ha emigrado a colonias.
En este entorno asfixiante, parece que el Product Placement de las marcas que se muestran en la película podría no ser el más adecuado. De hecho, siempre se ha bromeado con una maldición oculta sobre estas marcas, ya que con el paso del tiempo algunas han desaparecido. Sin embargo, cada cual tiene su percepción de lo que le transmite la publicidad y a mi personalmente me parece que su emplazamiento en esta película es acertado. Las marcas conviven entre humanos y replicantes y gritan su mensaje luminoso desde la oscuridad. Tal vez porque me fascina esta película, me fascinan también todas sus marcas, aunque algunas no las haya conocido.
Algunas marcas claramente reconocibles en el paisaje urbano son Panam, Atari, Coca-Cola, Budweiser, Koss, Bulowa y Cuisinart
La creatividad de Syd Mead
El artista al que debemos la estética futurista de la película es Syd Mead. Coincidiendo con el estreno de Blade Runner en 1982, Davis Scroggy publicó Blade Runner Sketchbook, un libro con más de un centenar de dibujos y bocetos para la película que ante todo recogía las ilustraciones de Syd Mead, para el clásico de Ridley Scott.
De este libro se publicaron pocos ejemplares y es difícil encontrar uno. Afortunadamente, la versión digital sí está disponible, y se puede disfrutar en pantalla completa pulsando en la imagen a continuación.
La escena: Lagrimas en la lluvia
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir
Dicen que el monólogo fue improvisado por el actor Rutger Hauer, pero es la escena que todos recordamos. Poco más se puede añadir a estas sobrecogedoras imágenes con el fondo de la excepcional banda sonora de Vangelis.












